Mi problema con los inteligentes clásicos de Hollywood

Volvi a ver Good Will hunting y aunque tiene momentos muy por sobre el promedio de peliculas coming-on-age, me hace ruido que el cine (o Hollywood) para representar a alguien inteligente usa siempre el “frame” matemático.

Es cierto que el personaje tiene sus “momentos cuali”, como cuando asoma una chispa de la teología de la liberación al lanzarle factos al universitario privilegiado de Harvard.

Pero en general lo vemos resolviendo de la nada ecuaciones y fórmulas con números y raíces cuadradas, dando por hecho que el espectador, a menos que estudie algebra o cálculo, le será difícil entender, obligándolo a aceptar que es alguien muy inteligente.


En contra

Lo diré en los mismos términos que Damon en el bar: la narrativa de Good Will Hunting repite la fantasía meritocrática del sujeto excepcional, cuya inteligencia se legitima cuando es reconocida por el Otro institucional (la universidad, el terapeuta, el MIT), pero esa forma de inteligencia está codificada bajo el significante hegemónico de lo matemático que actúa como garantía simbólica.

Es decir, el sistema aceptará encantado el tipo de inteligencia que le permite funcionar mejor, aunque sea una víctima de éste.

La paradoja es obvia: un neurodivergente matemático podrá acelerar la producción. Un “humanista” sólo genera stoppers en una ideología que se niega a sí misma, lo que es una ideología también (¡hola Althuser!).

Por eso me hace ruido: porque una inteligencia basada en habilidades situadas, memoria afectiva, sensibilidad narrativa, escritura continua y adaptabilidad urbana no entra fácilmente en ese régimen de visibilidad y validación.

A favor

Intligentemente se me puede decir que Good Will Hunting no pretende solo narrar la historia de un genio matemático, sino construir una parábola del trauma y el reconocimiento.

Yo les digo que cuando hay pizarras gigantes y números, hay un sistema latente que atrapará a Will y rechazará al pobre Max Fisher que en la brillante escena que abre Rushmore juega con el espectador usando el cliché de Hollywood que les hablaba.

Porque el dispositivo está contaminado: si Will es “aceptable” para el sistema no es su dolor infantil ni su genialidad sin contexto, sino su posibilidad de ser redimido y absorvido dentro del marco académico, de un psicoanalista dócil (me dueles Robin Williams) y el romance juvenil (ni la esposa de Chespirito soportó tanto).

Al menos Will intuye que esta triada (academia + terapia + romance) es un dispositivo de captura de subjetividades neurodivergentes, porque intenta escapar y llora y lucha y sale a carretear con sus amigos de Boston.

Cierre

Actualmente se tiende a aceptar que hay múltiples formas de inteligencia (depende de marcos y variables específicas)  y que no hay forma aun de saber como funciona la conciencia. Por lo tanto “representar” la inteligencia incluye su relación con el poder junto con aquellas otras inteligencias que excluye.

Entonces la figura del self-made survivor se vuelve complejo ya que hay variables estructurales, históricas, materiales, psíquicas, incluso genéticas, que acá al menos favorecen a Will, aunque se nos muestre como la escoria que el sistema dejó. Por eso su final es insoportablemenbte hollywoodense.

Aparte, parece que el ejercicio no era tan complicado.


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