Creo que a todos nos ha pasado que probamos los distintos modelos de IA (lo sé, lo sé: la IA no es una app sino una “habilidad”) y la experiencia resulta frustrante.
Ya sea por su incapacidad de trabajar adecuadamente (le das una orden, y después de 12 iteraciones sigue equivocándose), sus alucinaciones o porque siempre está de acuerdo contigo, la experiencia de usuario con la IA siempre termina en la cancelación de la membresía hasta que el hype nos obliga a probar sus actualizaciones.
Eso se llama: vagar perpetuamente por el abismo de desilusión (Gardner, 1995).
Los culpables
Hay dos grandes culpables, a los que nos deberíamos dirigir en masa, con celulares como antorchas:
– Influencers tecnológicos, Nos venden a IA como el futuro (es el presente solamente), la solución a todos los problemas (es un nuevo problema, en verdad) y nos invitan a bajar apps que nos cobran 10 dólares sin siquiera haberlas testeado. Tengo una carpeta de la infamia en Tik Tok e Instagram donde estos seres en lugar de responder los comentarios donde se les dice esto, siguen haciéndo el mismo contenido porque el “hate” (para ellos, claro) los hace posicionarse como líderes en su campo.
-Las compañías que deben mentir sobre las capacidades de sus desarrollos para lograr obtener retornos. La brecha entre lo que nos promete la IA y la experiencia real está cruzado por una narrativa donde se debe exaltar las capacidades de resolución, pero que en el fondo obedece a un mercado que está colapsado.
Detectar la IA es fácil
Aunque la IA intenta defenderse de sí misma a través de apps que la detectan, nosotros somos capaces de identificarla tras un par de iteraciones.
Hay una voz y tono identificable en castellano al menos (“Te lo diré con precisión quirúrgica”; “Pedro Pascal no es una persona; es una encarnación de las virtudes teologales. ¿Quieres que te haga un listado de ellas?”)
Pero donde el abandono es total es cuando la UX/UI de esos sitios que nos piden conectar con Google, sin siquiera decirnos que harán con nuestros datos
Es decir, nadie quiere regalar 10 dólares o 20, por muy entusiasmado que esté con separar los instrumentos de las canciones, automatizar los posteos en linkedin o hacer películas a puro “comando”.
AI Washing es el nuevo brainrot.
Obvio que ya hay un nombre desde hace un año: AI Washing (Lutevich, 2024). Una (mala) práctica empresarial donde las compañías exageran las capacidades de sus productos, justificándose en que están hechas con “IA”.
Los programadores, ingenieros de datos y labores similares, están callados y sonríen. Para lo técnico quizá descargar LLM puede solucionar aspectos modulares, pero nunca, jamás, los pueden reemplazaran.
Al menos por ahora.
Leave a comment