La muerte del rock

Nunca pienso mucho en esto, pero mi editora me hizo volver a CBB para unos trámites para México.

Fue en 1993 o 94, cuando un ex hippie de una tienda de instrumentos de Concepción me mostró un libro de rock con Frank Zappa en la tapa. Lo guardaba como una reliquia, con subrayados y apuntes en lápiz grafito.

A mí me llamó la atención: ¿Escribir sobre música? ¿Hacer “teorías” sobre discos y canciones?.

Nunca me lo pude conseguir. Hasta que en 2016 conocí al autor quien me recomendó vomitar todas mis ideas, conversaciones, párrafos que pasaban desapercibidos en críticas de discos.

Yo, que conocía las redes y procedimientos dudosos (para mí) de las editoriales, decidí —mas o menos conscientemente— escribir el libro #00 como decía mi esposa y presentar el proyecto a la editorial que lo publicaba a él que, en ese momento, como dije en la TV de Perú se dedicaba a la narrativa y especialmente a la poesía, lo que me hacía sentir más contento aún. Los quiero mucho, Eutopía.

Gracias a este colega, el texto apareció gigante (¡y elogiado!) en El Mercurio antes incluso de llegar a librerías (el único ejemplar que mandé a un medio, en La Segunda me dio lata aparecer a dos páginas trabajando yo allí). Tampoco quise lanzamientos ni esas cosas que hacen los escritores que tenía que cubrir.

El experimento funcionó: el ensayo apareció (o fui entrevistado) en medios de España, Perú, Argentina y hasta Radio U. de Chile, Rockaxis (hola Marcelo Contreras) y CNN. También recibí felicitaciones de los colegas que admiraba (y sigo admirando). Y Alfredo Lewin decidió organizar en el Instituto Británico lo que más se aproximó a un lanzamiento.

El viaje a Lima (originalmente iba a cubrir a los chilenos de la Feria del Libro y de paso a hablar de música) fue extraño, con una mezcla de divertido hate de cierto público que llenó la presentación (y no entendió bien el libro… agh debí haberlo dividido por capítulos) y la buena onda de los presentadores (Alan, Fidel) con los que nos fuimos a tomar unos chilcanos mientras de fondo tocaba Miki González y luego me fui al hotel a llamar a Daniela y contarle que todo esto es muy loco. Lo que de verdad no me esperaba era esta segunda oportunidad de salir a exponer las pocas ideas interesantes que tiene, pero que valen la pena. Veamos qué pasa, antes que venga el #01.

Por eso les dejo esta entrevista de 2018: ¿Cierto que lo mejor es nuestro gato Elliott?

Algunas reacciones que logré ordenar y guardar en mi informe al Ministerio de Cultura.

Todo sobre el libro y +

Arte popular

“He aquí la razón por la cual Atenas no podría crecer como lo hizo Roma, mediante la incorporación de otras póleis. Para el ateniense, la responsabilidad de adoptar sus propias decisiones, de llevarlas a cabo y aceptar sus consecuencias constituía una necesidad en la vida del hombre libre. Por esta causa el arte popular de Atenas fue la tragedia de Esquilo o de Sófocles y la comedia de Aristófanes, en tanto que el nuestro es el cine. El ateniense estaba habituado a ocuparse de cosas trascendentales; un arte que no se refiriere a temas de importancia le habría parecido pueril”

Sigo con H.D.F. Kitto

Desde el fin del mundo

En el último tiempo he estado en algunos desarrollos de vocacionescomo dice Daniel Melero— que me han consumido todo el tiempo disponible, con las dificultades obvias de estar viviendo un ensayo del fin del mundo as we know it. Por lo mismo he estado escribiendo algunas crónicas sobre la situación para Página/12, para que quede al menos un registro de las veces que he estado recorriendo la ciudad y las cosas que he encontrado.