Cómo la Ley Fintech revivirá el UX Writing en 2026

Chile está entrando en una fase en que la Ley Fintec y su reglamentación empujarán su cumplimiento como problema de diseño de servicios y comunicación.

Un hito que cualquier director o gerente de innovación despierto entenderá que trasciende la redacción jurídica y que abre espacio estratégico para el UX Writing (van der Zwan, 2021).

Dicho sintéticamente: ahora los bancos, proveedores de servicios de pago y startups tecnológicas deberánj a traducir obligaciones normativas en experiencias comprensibles, accionables y auditables en sus canales digitales (Kotsiuba, 2022; Kotsiuba, 2023).​


1. Del cumplimiento regulatorio al diseño de experiencia

Ya no se trata de problema técnico (como muchas veces se conceptualizaca la “transformación digital”) sino que de comunicación.

Ahora se debe transmitir al usuario temas complejos y “nuevos” como:

-disclosure de riesgos

-deber de información

-protección del consumidor

Todo ell journeys digitales concretos, no en documentos digitales aislados (Kotsiuba, 2023).​

O sea, pasamos del backend jurídico a comunicación de riesgo con temas como:

-obtención de consentimientos

-explicación clara del uso de datos

-Aclaración de los derechos del usuario en flujos específicos.

Ya sabemos que la IA no es 100% confiable para estos procesos donde el UX Writing y el diseño de contenido adquieren un rol estructural (Pérez & Rodríguez, 2022).

2. Fintech, transparencia y diseño de servicios digitales

La literatura sobre fintech destaca que los desafíos centrales no son exclusivamente tecnológicos, sino regulatorios y de confianza: protección del consumidor, seguridad, privacidad y educación financiera (Rahman & Abdullah, 2024; Narayan et al., 2022).

La inclusión financiera vía canales digitales solo es sostenible si las personas entienden qué contratan, qué riesgos asumen y qué mecanismos de remedio tienen disponibles (Narayan et al., 2022; Lee et al., 2023).​

En mercados digitalizados de banca y seguros, la falta de marcos claros para fintech tiende a amplificar asimetrías de información, productos opacos y mayor exposición al fraude (Kotsiuba, 2022; Kotsiuba, 2023).

Justamente por eso, los nuevos marcos regulatorios insisten en requisitos de transparencia, disclosure y gobernanza que, en la práctica, se materializan en texto: términos y condiciones, consentimientos, advertencias, mensajes de error, notificaciones transaccionales y comunicaciones de soporte (Santos & Lima, 2022).

O sea, un buen texto termina siendo el vehículo mediante el cual el usuario se entera de sus derechos y obligaciones (Pérez & Rodríguez, 2022).​

La teoría regulatoria aplicada a plataformas financieras sugiere que el diseño de normas debe considerar cómo se perciben y se usan en contextos digitales (van der Zwan, 2021; Black & Ringe, 2023).

En paralelo, la investigación en experiencia de servicios bancarios digitales propone metodologías para medir características percibidas por el usuario (léase claridad, facilidad, fiabilidad, seguridad percibid) como variables críticas de satisfacción y lealtad (Pérez & Rodríguez, 2022).

Si se conectan ambos planos, aparece una idea clave: el cumplimiento regulatorio efectivo depende de la experiencia que el usuario tiene con esa regulación en los canales digitales (Lee et al., 2023).​

En la práctica, esto implica que elementos típicamente entendidos como jurídicos -consentimientos, avisos de riesgo, cláusulas de responsabilidad, mecanismos de reclamo- pasan a ser objetos de diseño (Pérez & Rodríguez, 2022).

La literatura sobre innovación y regulación en servicios financieros describe este tránsito mediante modelos de juegos evolutivos: el sistema tiende a estados más estables cuando empresas, reguladores y consumidores coordinan prácticas de cumplimiento visibles, comprensibles y respaldadas por esquemas de incentivos y sanciones (Zhang & Liu, 2022; Wang et al., 2022).

El UX Writing se ubica en el punto de fricción donde se decide si un mensaje regulatorio se interpreta, se acepta o se ignora.​

4. La operación retorno

Aunque el término “UX Writing” no aparece aún de forma sistemática en la literatura jurídica y regulatoria, varias líneas de investigación lo sostienen de manera implícita.

Por un lado, estudios sobre lenguaje claro, transparencia y protección de consumidores financieros insisten en que la complejidad textual es una barrera de acceso y un factor de riesgo (Santos & Lima, 2022; Yuliana & Pratama, 2023).

Por otro lado, trabajos sobre banca digital habilitada por inteligencia artificial muestran que la satisfacción de usuarios depende de la alineación entre expectativas y comunicaciones recibidas, lo que incluye explicaciones de decisiones automatizadas y condiciones de servicio (Lee et al., 2023; Choi et al., 2023).​

La combinación de estas perspectivas permite argumentar que el UX Writing, entendido como diseño estratégico de texto en interfaces, es un componente clave de la protección al consumidor y de la legitimidad de la regulación en entornos fintech (van der Zwan, 2021; Pérez & Rodríguez, 2022).

El contenido no se limita a adornar flujos definidos por otros; participa en la configuración de la conducta regulada, por ejemplo al:​

  • Definir cómo se solicitan, renuevan y revocan consentimientos sobre datos personales (Narayan et al., 2022; Santos & Lima, 2022).​
  • Explicar productos complejos —como “Buy Now, Pay Later” o criptoactivos— de modo que se expliciten costos, riesgos y alternativas en lenguaje accesible (Alharbi, 2024; Kotsiuba, 2023).​
  • Hacer operativos los derechos del usuario (reclamos, reversas, portabilidad) en flujos simples, trazables y verificables para regulador y auditoría (Pérez & Rodríguez, 2022; Lee et al., 2023).​

En contextos como el chileno, donde la Ley Fintec amplía el perímetro de supervisión y estandariza exigencias de transparencia, este rol se vuelve especialmente evidente (Kotsiuba, 2023).

Referencias:

  • Alharbi, M. (2024). The effect of Buy Now, Pay Later fintech on traditional financial services and consumer behavior in Saudi Arabia. Financial and Credit Activity: Problems of Theory and Practice, 4(49), 45–58.
  • Black, J., & Ringe, W. (2023). Metarules, judgment and the algorithmic future of financial regulation in the UK. Oxford Journal of Legal Studies, 43(3), 1–29.
  • Choi, J., Kim, S., & Park, H. (2023). Understanding and mitigating risks of generative AI in financial services. In Proceedings of the 2025 CHI Conference on Human Factors in Computing Systems (pp. 1–15). ACM.
  • Kotsiuba, O. (2022). Features of regulatory and legal regulation of fintech at digitalized markets of banking and insurance services in Ukraine. Problems and Perspectives in Management, 20(2), 123–133.​
  • Kotsiuba, O. (2023). Regulatory support for the development of financial technologies in digital financial markets. Problems and Perspectives in Management, 21(1), 98–110.
  • Lee, H., Kim, J., & Park, Y. (2023). Does artificial intelligence (AI) boost digital banking user satisfaction? Integration of expectation confirmation model and antecedents of AI-enabled digital banking. Sustainability, 15(15), 1–23.
  • Narayan, A., Bhatia, R., & Singh, P. (2022). Know your customer: Balancing innovation and regulation for financial inclusion. arXiv Preprint, arXiv:2112.09767.
  • Pérez, L., & Rodríguez, M. (2022). Measuring user-perceived characteristics for banking services: Proposing a methodology. International Journal of Environmental Research and Public Health, 19(4), 2358.​
  • Rahman, A., & Abdullah, S. (2024). Fintech frenzy: An engaging review of the transforming financial services. Environment-Behaviour Proceedings Journal, 9(3), 101–112.
  • Santos, R., & Lima, P. (2022). Reconstruction of the authority of the Financial Services Authority (OJK) in supervision to improve value-based banking policies in justice: A case study in Indonesia. Saudi Journal of Law and Civil Justice, 6(11), 581–585.
  • van der Zwan, P. (2021). Financial regulation in the age of the platform economy. European Journal of Risk Regulation, 12(4), 1–21.
  • Wang, X., Li, Y., & Chen, Z. (2022). Evolutionary game analysis on innovation behavior of digital financial enterprises under the dynamic reward and punishment mechanism of government. Sustainability, 14(19), 12561.
  • Yuliana, D., & Pratama, A. (2023). Analysis of financial services authority employees’ competence in the regulation and supervision of financial institutions. Journal of Economics, Management, Business and Accounting, 1(1), 1–12.​

La gran desconexión en la banca digital

En el contexto de la transformación digital bancaria, es común atribuir los fracasos de las iniciativas a carencias tecnológicas o errores de diseño.

Sin embargo, propongo que el verdadero dolor reside en una desconexión organizacional sistémica, la cual impide que la estrategia corporativa se traduzca en experiencias de usuario coherentes.

Es como una casa que se construyó sin pensar que en el futuro necesitaríamos ampliar las conexiones eléctricas o reemplazar el parquet. En el mejor de los casos.

1. La Falla Predominante: Falta de Alineación Interna

Según McKinsey & Company, el 70% de las transformaciones digitales bancarias no logra sus objetivos, y la principal causa identificada no es la tecnología, sino la ausencia de alineación entre los distintos niveles de la organización.

Sin una visión compartida, las promesas de la alta dirección quedan aisladas de la ejecución operativa.

2. Narrativa Organizacional: Del Discurso a la Experiencia

La teoría de la narrativa organizacional sostiene que las empresas construyen su identidad a través de historias que deben permear todos los niveles jerárquicos para generar compromiso y coherencia interna.

Cuando la alta gerencia define un “relato” sobre la experiencia digital sin involucrar a los equipos de UX ni a los empleados de primera línea, se erige un narrative–experience gap: la promesa comunicada no se traduce en flujos de interacción claros ni en entendimiento de roles.

3. Carga Cognitiva y Simplicidad Funcional

La cognitive load theory ha demostrado que interfaces sobrecargadas de elementos irrelevantes incrementan el esfuerzo mental y reducen la eficacia del usuario (Sweller, 1988; Chandler & Sweller, 1991).

En el ámbito financiero, donde la claridad y la confianza son cruciales, añadir animaciones o efectos de sonido sin propósito tangible no mejora la experiencia; por el contrario, puede distraer y complicar tareas críticas.

4. Hipótesis de Trabajo

La raíz de los fracasos en las transformaciones digitales bancarias se encuentra en la incapacidad de traducir la estrategia corporativa en objetivos de UX claros y compartidos.


Solo una narrativa organizacional coherente, validada internamente y orientada a la simplicidad funcional, puede cerrar la brecha entre lo que los bancos prometen y lo que los usuarios realmente experimentan.

4.1. Desglose de la Hipótesis

  • Alineación Estratégica: Las promesas de la alta dirección deben desagregarse en objetivos de usabilidad y experiencia concretos, comunicados a todos los equipos.
  • Validación Interna: Equipos de UX, desarrollo y operaciones necesitan un entendimiento común de los KPI de experiencia para diseñar flujos alineados con la estrategia.
  • Simplificación de Flujos: Priorizar la reducción de carga cognitiva y eliminar elementos superfluos de la interfaz, fortaleciendo la eficiencia y la confianza del usuario.

5. Marco para Futuras Profundizaciones

En los siguientes posteos exploraremos tres dimensiones clave para operacionalizar esta hipótesis:

  1. Diagnóstico de Alineación Narrativa: Métodos para evaluar el grado de coherencia entre discurso estratégico y prácticas operativas en equipos bancarios.
  2. Diseño para la Eficiencia Cognitiva: Herramientas y criterios para revisar y simplificar flujos críticos, aplicando principios de cognitive load theory.
  3. Framework de Coherencia Narrativa–Experiencia: Desarrollo de una herramienta de medición que vincule promesas corporativas, objetivos internos y satisfacción real del usuario.

6. Conclusión

La “Gran Desconexión” no es un problema de tecnología ni de falta de presupuesto, sino de narrativa interna fragmentada. Antes de rediseñar interfaces o adoptar nuevas plataformas, las organizaciones bancarias deben alinear su relato estratégico con sus equipos de ejecución y simplificar radicalmente sus flujos de interacción. Solo así podrán cerrar efectivamente la brecha entre promesa y experiencia.


Referencias

Boje, D. M. (2008). Storytelling organizations. Sage Publications.

Chandler, P., & Sweller, J. (1991). Cognitive load theory and the format of instruction. Cognition and Instruction, 8(4), 293–332.

Gabriel, Y. (2000). Storytelling in organizations: Facts, fictions, and fantasies. Oxford University Press.

Kotter, J. P. (2012). Leading change. Harvard Business Review Press.

McKinsey Digital. (2023). Why most digital banking transformations fail—and how to flip the odds. McKinsey & Company.

Sweller, J. (1988). Cognitive load during problem solving: Effects on learning. Cognitive Science, 12(2), 257–285.

La lista de deseos (imposibles) de los avisos de trabajo

El mercado laboral chileno 2025, lejos de estabilizarse post-pandemia, expone una terrible paradoja: mientras Linkedln, Laborum o GetonBoard exhiben centenares de avisos solicitando requisitos excluyentes (PowerBi y C++ nivel experto, edición en Adobe Premier y Final Cut y certificación Q Grader, la evidencia académica y sectorial revela un fenómeno inverso.

Lo que sucede en realidad es que hay una sobrecalificación de profesionales para roles que están saturados y que en la práctica no requieren lo que se exige en esos avisos que, según reportan constantemente los propios postulantes terminan en ghosting.

Según los últimos datos del Observatorio del Contexto Económico UDP, el subempleo por calificaciones en Chile creció 12,9% anual entre hombres y un 4,8% en mujeres en 2025.

Esto es un hito: la totalidad del empleo creado el último año corresponde a posiciones bajo las capacidades formales de los postulantes, fenómeno que se agrava entre chilenos (+10,7%) y, en menor medida, entre migrantes (+3,8%) (OCEC UDP, 2025).

El problema parece ser estructural: la oferta educativa ha superado por mucho la demanda real del mercado, generando una sobrecualificación crónica y precarización del empleo.

Overeducation y skills mismatch: la evidencia desde Chile y OCDE

Estudios como el de Castro Ramírez (2019) estiman que un 37% de los trabajadores chilenos con educación superior está sobreeducado. Un patrón acentuado por el creciente acceso a universidades y la falta de regulación en la apertura de carreras.

Este fenómeno redunda en la mala asignación de capital humano y ha sido ampliamente estudiado (Brynin, 2002; Duncan y Hoffman, 1981; Tsang & Levin, 1985) y las consecuencias son siempre las mismas:

-Menores salarios.

-Mayor estrés psicológico.

-Menor productividad global.

De hecho, nvestigaciones del IZA Institute (2021) usando datos PIAAC sitúan a Chile y México como líderes en América Latina en magnitud de sobreeducación y overskilling. La brecha mpás grande es en ocupaciones medias y bajas, donde la inflación de credenciales no ha generado mayor productividad ni movilidad salarial (Lemistre, 2024; World Economic Forum, 2023).

El déficit de skills estratégicos: el caso TI y la transformación digital

Existe otra paradoja en sectores de alto dinamismo como las áreas TI.

-Chile enfrenta déficit crónico de profesionales en el área (31% de las vacantes sin cubrir, según PageGroup 2024) y demanda explosiva por especialistas en IA, ciberseguridad y analítica avanzada (Robert Half, 2025).

-Los profesionales que lograron insertarse -sobre todo en pandemia- no logra satisfacer las competencias básicas exigidas por la transformación digital (Deloitte, 2025; SOS Group, 2025).

El informe “Skills mismatch: la brecha de habilidades en Latinoamérica” (Revista Recursos Humanos, 2025) estima que más del 50% de los trabajadores en Chile no alcanza el nivel mínimo en competencias digitales y numéricas (PIAAC/OCDE).

Esto limita tanto su empleabilidad como la innovación organizacional. El viejo modelo de sumar títulos y skills en el CV quizá funciona aun en la forma pero no en el fondo: lo que se requiere demostrar adaptabilidad, capacidad de aprendizaje y dominio real en contextos de cambio acelerado.

Economía de las credenciales: inflación y depreciación educativa

La literatura subraya que el valor relativo de un título universitario decrece a medida que se masifica: cuando un 30% de la población lo posee (vs. un 10% décadas atrás), ya no distingue automáticamente talento o capacidad (Universidad SI, 2018).

En Chile, el sobrestock de egresados genera presión salarial a la baja, precarización laboral y una frustración cada vez más evidente entre los jóvenes profesionales (Castro Ramírez, 2019; CEP, 2024).

Algo que por cierto es desalentador para los padres que, criados en la evidencia setentera-noventera de la educación como único destino posible para una mejor vida para sus hijos.

Pero hay al menos dos datos relevantes que se analizarán más adelante: objetivamente vamos a vivir más y hay un nuevo paradigma ad portas.


Bibliografía

Relato y Política: parece fácil, pero no lo es

Cuando entré al PhD en Comunicaciones apareció un artículo en La Tercera con ese título. Y me hizo gracia, ya que el concepto “relato” me salía en todos lados, aunque con distintos propósitos (denunciar su carencia, hablar sobre su proceso de construcción, glorificar el poder de las historias), pero jamás con una definición operativa para saber al menos de qué estamos hablando.

Y yo que venía de sacar un libro sobre rock, donde señalaba la importancia de definir lo que estamos hablando antes de preguntarnos si estaba muerto o no, me parecío totalmente homologable.

Es decir, si no definimos o al menos decimos lo que no es, no podemos hablar de relato y entendernos. Aunque, por supuesto hay una noción contextual en esos textos que empecé a coleccionar hasta volverse mi tesis: la capacidad de un actor -político en este caso- de generar una narrativa.

¿Por qué relato y no discurso?

Es interesante por qué no se usaba el término “discurso”, que es de donde -según mi investigación- se inscribe el relato.

Quizá porque el significante inmediato de quienes escribían sobre el tema -cientistas políticos, sociólogos, políticos a secas estaba mediado por la cultura audiovisual post-pandémica.

Un discurso te remite a un líder discurseando ante una multitud con un micrófono innecesario ya que su voz ocupa todo el espacio. Un relato no requiere actos del habla, sino que convertirte en un héroe viajando, como enseñan en cualquier taller de guión.

Justamente el lugar donde nacen desde las series hasta los posteos de tik tok luchando por nuestra atención.

Minutas, contenidos y posteos

En La Segunda -diario que accedió a formarme parcialmente en estos temas-hay un artículo sobre los asesores comunicacionales del presidente Gabriel Boric.

No todos son periodistas. Ni los propios periodistas defienden esto, pero entiendo que ni la sociología, ni la miltacia ni un magister en ciencia política forman intensivamente en análisis de contenido, las cinco teorías básicas de los efectos mediáticos o el método 2025 para contactar a un periodista que no conoces.

Porque, como me decía un amigo, todos podemos abrir word o google docs y escribir. Programar no. Configurar R tampoco. Instalar un LLM liviano y hacer que una voz fluida lea un texto tampoco.

Ese genera la idea que comunicar es fácil. Y por ende, que redactar minutas (que gran concepto), implementar estrategias comuniacionales y cohesionar a diversas audiencias en torno a un mensaje es fácil.

Aunque no se habla de relato, queda flotando lo que dicen un representante de Sway Latam: una estrategia reactiva, sin prudencia ni coordinación genera “una permanente improvisación”.

Pero que buena edición

Ayer me apareció un video donde unos adultos mayores conducían un noticiero donde todas las noticias eran buenas para ellos.

Sin embargo la cámara hace un travelling y se queda mostrandonos al equipo zoomer que producían este programa, dejando a los conductores hablando.

Me parece un excelente resumen estético, comunicacional y de relato de lo que estamos hablando:

Hábitos Atómicos — James Clear

Hace diez años que vengo escuchando sobre ordenar la habitación, establecer sistemas para lograr objetivos, introducr pequeñas acciones y mantenerlas por 28 días o las bondades de la técnica señal-anhelo-respuesta-recompensa.

Influencers, coachs, compañeros de trabajo, todos repiten más o menos lo mismo usando esos marcos de referencia.

Como si la vida fuera un dashboard de Power Bi y tu fueras cliente, producto y empresa al mismo tiempo, presionada por diversas crisis.

Bueno, este best seller es el responsable.

La forma

Yo leí el libro en dos días.

Si estuviera de vacaciones lo haría de una sentada, porque su estructura es adictiva, entretenida y bueno, predecible:

-autor/protagonista (biomecánico y deportista devenido en conferencista) en un viaje del héroe como intro, una base extremadamente simple los hábitos micro transforman lo macro a mediano plazo.

-cuatro “leyes” (volver estos hábitos obvios, atractivos, sencillos y satisfactorios).

-tácticas avanzadas (trabajar el talento, encontrar un entorno que esté a tu favor)

-conclusiones (un resumen que se transforma en CTA para que compremos más libros o nos inscribamos en los cursos del autor).

Todo esto complementado con una extensa biblografía con citas a papers del MIT, ideas de la neuro ciencia o textos sueltos de Daniel Goleman (para darle validez o inscribirlo en la gran tradición de autoayuda), ejemplos con deportistas (para conectar con el lector estadounidense, sobre todo) y con bullets que resumen los capítulos (por si aun así no entendiste lo relevante

El fondo

Un hábito por muy pequeño que sea tiene impacto en tu vida.

El desafío es mantenerlo, porque esto toma más tiempo que ir al gimnasio o ensayar el solo de “November Rain”.

Tienes que motivarte y leer una página diaria, hacer un minuto de meditación o escuchar un podcast mientras sacas a pasear al perro para aprender más cosas.

Mide, anota, comprueba como mejoras cada semana, mes, semestre, año en tus propios términos, con tus propias variables.

Conclusión

Si no estás habituado a pensar en temas estratégicos y procesos cerebrales, pueden haber algunos insights.

Lo recomendable es seguir al autor citado -Clear se preocupa mucho de reconocer sus fuentes- e irse por ese camino.

Si eres psiquiatra, psicoanalista o neurobiólogo, te podría chocar como un divulgador debe estar comprando su quinta casa con piscina

Extra:

Subrayé esto, que está bueno, aunque es un poquito obvio.

Acuerdos entre empresas = innovación distorsionada

Esta noticia la recorté de El Mercurio del domingo, ya que son aquellas de difícil viralización debido a su complejidad técnica, pero que afectan en las cosas más importantes.

Incluso enmarcarla dentro de la Teoría de la Elaboración Limitada que señala que este tipo de información al no activar emociones inmediatas (nada está comprobado, nada está castigado) nos recuerda Teixeira y Onculoglu (2023).

Y por lógica eso limita su engagement (Petty y Brinol, 2012)

Porque vaya que es relevante:

  1. Básicamente se señalan los posibles acuerdos anticompetitivos en los mercados laborales, como los pactos sobre contratación y remuneraciones entre empresas que generan bajos sueldos en sectores donde las condiciones salariales ya son débiles y existe poca movilidad laboral.

2. Jorge Grunberg, fiscal nacional señala lo evidente: estos perjudican las oportunidades salariales y de movilidad social, desincentivan la inversión en capital humano y distorsionan la asignación de fuerza laboral.

3. Además, estos pactos pueden causar una reducción de la calidad e innovación de los productos y servicios ofrecidos a los consumidores, como efecto colateral de mantener sueldos artificialmente bajos.

El relato del #relato 2: Un marco para la imagen

La palabra “relato” asociada a la gestión empresarial o política se ha hecho bastante usual en Chile.

Según Google Trends entre 2021 y 2025 ha aumentado 400% en medios.

Curiosamente cuando se trata de temáticas internacionales o transcripciones de medios en inglés se prefiere “narrativa”.

Esto último sería a traducción directa de narratives que, conceptualmente, sería el sinónimo.

Porque cuando se habla de “la falta de relato de X”, “la narrativa de Y ” o “la necesidad de construir un relato para Z”, se apela a un modo discursivo que, a través de elementos narrativos organiza, cohesiona y valida un conjunto de acciones.

Y es que lo cuantitativo expresado en datos no basta para ser traducido a una audiencia que está todo el tiempo consumiendo, votando u opinando. Se necesita una traducción cualitativa para movilizarla.

Suena lógico, pero para generar una estrategia verdadera, hay que entender sus piezas. Y para eso es importante una metodología que entienda desde que marco trabajamos. Porque, sabemos, es el campo disciplinar el que genera el marco eque impone el procedimiento.

  1. El marco para la foto

En lingüística, autores como Saussure (1916) sentaron las bases de cómo los signos lingüísticos estructuran significados, y Chomsky (1965) exploró las reglas sintácticas que subyacen a las narrativas.

En los estudios culturales, Hall (1997) analizó la forma en que las narrativas configuran identidades y relaciones de poder en el marco de las representaciones sociales. En narratología, Barthes (1977) estudió los elementos estructurales que conforman las historias, mientras que Genette (1980) profundizó en las estructuras temporales y las voces narrativas.

Y yo voy a hablar de las comunicaciones.

2. El relato desde las comunicaciones

Es acá donde el relato se puede analizar como una práctica discursiva que organizay transmite significados ideológicos y afectivos, sobre la base de que los seres humanos comprenden la realidad a través de estructuras narrativas (Lakoff, 2017; Shenhav, 2006; White, 1980).

Esta perspectiva se alinea con lo que Kreiswirth (1992) denominó el giro narrativo de los años 80, cuando instituciones y corporaciones comenzaron a utilizar relatos como mediación simbólica con la sociedad.

Es decir tanto la campaña de Reagan como el Street Fighter II, Microsoft o el marketing de Pepsi te contaban una historia, con diversos procedimientos y técnicas, haciéndote sentir parte de ella.

3. El ejemplo sublime

En Chile hay un ejemplo sublime: la campaña del “No”. A partir de una idea universal como el arcoiris que viene después de una lluvia se le agregó una acción: el voto capaz de cambiar el clima. Nada de análisis de coyuntura. Quizá unos pocos testimonios, pero grabados en cine como si fueran la publicidad de Coca-Cola. Lo que se ve en la película de Larraín, pero con más trabajo en equipo y quizá con más intuición (y ambición) de la que reconocería el equipo.

El relato de la campaña del “No” derivó en un storytelling (no es lo mismo que relato en este marco) expresado en jingles, afiches, poleras, clips y avisos a página completa en los. medios de oposición.

4. El discurso del discurso

Así, el relato cumple un papel central en la configuración de discursos políticos y en la transmisión de ideas dentro de las sociedades. Para Edelman (1991), las narrativas no son simplemente herramientas comunicativas, sino mecanismos que permiten preservar estructuras de poder, ya que a través de ellas se legitiman ciertos órdenes políticos y se marginalizan otras perspectivas.

Desde una óptica distinta, Heath y Heath (2007) resaltan que el uso narrativo tiene un valor significativo en la comunicación, ya que la estructura de la trama y la resolución de conflictos permiten que ideas complejas sean más accesibles y memorables para las audiencias.

No obstante, el impacto del relato va más allá de su función explicativa o legitimadora. Cornog (2003) destaca que, en la comunicación política y mediática, las emociones suelen prevalecer sobre los datos y la evidencia objetiva, lo que puede influir en la percepción de la realidad y en la toma de decisiones del público.

5. Una máquina de historias

Desde una perspectiva crítica, Salmon (2011) advierte que diversas industrias han evolucionado hacia lo que él denomina “máquinas de construir historias”, donde la lógica narrativa no solo estructura la información, sino que también la manipula, generando discursos diseñados para provocar reacciones específicas en las audiencias.

En este sentido, la narrativa política no solo transmite información, sino que moldea activamente las interpretaciones de la realidad, estableciendo marcos cognitivos desde los cuales se conceptualizan problemas, causas y soluciones dentro del debate público.

El #Relato del relato (intro)

Tengo una alerta en Google cada vez que aparece mencionada la palabra “relato”. En los medios durante los últimos cinco años creció en un 400% y a veces se usa como sinónimo del “narratives” anglosajón. Otras, es una especie de comodín o hermano de #storytelling.

Es natural que un investigador salte si ve que un “otro” está hablando sobre su objeto de estudio y se ponga a la defensiva. A mi me parece que la actitud debería ser al revés: entender cómo la “competencia” conceptualiza eso que estás estudiando.

Lo primero es casi obvio: #Relato es lo opuesto al #dato (Javier G. Recuenco lo dice magistralmente en YouTube de una manera que me haría enrojecer).

Pero también, adquiere distintos significantes dependiendo de la disciplina. Y como lo mío son las comunicaciones debo entender y despejar el uso que le dan los politólogos, narratólogos y otros seres de la comarca.

Y recién ahí empieza lo bueno.

La IA no es lo que nos prometieron

Creo que a todos nos ha pasado que probamos los distintos modelos de IA (lo sé, lo sé: la IA no es una app sino una “habilidad”) y la experiencia resulta frustrante.

Ya sea por su incapacidad de trabajar adecuadamente (le das una orden, y después de 12 iteraciones sigue equivocándose), sus alucinaciones o porque siempre está de acuerdo contigo, la experiencia de usuario con la IA siempre termina en la cancelación de la membresía hasta que el hype nos obliga a probar sus actualizaciones.

Eso se llama: vagar perpetuamente por el abismo de desilusión (Gardner, 1995).

Los culpables

Hay dos grandes culpables, a los que nos deberíamos dirigir en masa, con celulares como antorchas:

– Influencers tecnológicos, Nos venden a IA como el futuro (es el presente solamente), la solución a todos los problemas (es un nuevo problema, en verdad) y nos invitan a bajar apps que nos cobran 10 dólares sin siquiera haberlas testeado. Tengo una carpeta de la infamia en Tik Tok e Instagram donde estos seres en lugar de responder los comentarios donde se les dice esto, siguen haciéndo el mismo contenido porque el “hate” (para ellos, claro) los hace posicionarse como líderes en su campo.

-Las compañías que deben mentir sobre las capacidades de sus desarrollos para lograr obtener retornos. La brecha entre lo que nos promete la IA y la experiencia real está cruzado por una narrativa donde se debe exaltar las capacidades de resolución, pero que en el fondo obedece a un mercado que está colapsado.

Detectar la IA es fácil

Aunque la IA intenta defenderse de sí misma a través de apps que la detectan, nosotros somos capaces de identificarla tras un par de iteraciones.

Hay una voz y tono identificable en castellano al menos (“Te lo diré con precisión quirúrgica”; “Pedro Pascal no es una persona; es una encarnación de las virtudes teologales. ¿Quieres que te haga un listado de ellas?”)

Pero donde el abandono es total es cuando la UX/UI de esos sitios que nos piden conectar con Google, sin siquiera decirnos que harán con nuestros datos

Es decir, nadie quiere regalar 10 dólares o 20, por muy entusiasmado que esté con separar los instrumentos de las canciones, automatizar los posteos en linkedin o hacer películas a puro “comando”.

AI Washing es el nuevo brainrot.

Obvio que ya hay un nombre desde hace un año: AI Washing (Lutevich, 2024). Una (mala) práctica empresarial donde las compañías exageran las capacidades de sus productos, justificándose en que están hechas con “IA”.

Los programadores, ingenieros de datos y labores similares, están callados y sonríen. Para lo técnico quizá descargar LLM puede solucionar aspectos modulares, pero nunca, jamás, los pueden reemplazaran.

Al menos por ahora.

The woke it´s over

El ciclo wokista se terminó.

Al menos eso dictaminó El Mercurio ayer, a partir de dos síntomas de agotamiento:

  1. American Eagle. Se supone que el fenotipo anglosajón de Sydney Sweeney reemplaza a los cuerpos diversos, anti hegemónicos y la acptación corporal que “dominaban” la industria.
  2. Nike. Una campaña reciente muestra a un campeón de golf con su hijo, es decir, volvieron los “valores familiares”.

El fenómeno. En verdad este diagnóstico es bastante conocido y se comenta desde el año pasado en redes sociales, medios tecnológicos y tradicionales. Lo que quizá entusiasma es tener conciencia en tiempo real de la teoría del péndulo y ver cómo lo que hace unos años era revolucionario ahora es tan opresor como el “ememigo” al que se enfrentaban.

Cuando el boomer critica a los woke. Seamos honestos: en Chile la palabra woke recién trascendió a partir de la visita de Susan Neiman, quien lo criticaba a nivel divulgativo y convenientemente traducida al castellano y con cobertura amplia.

Con años de atraso, el concepto fue adoptado en forma de comodín para atacar a los millennials que, por un rato al menos, se apropiaron de la agenda política con sus luchas contra el patriarcado, el neoliberalismo y contra el poder opresor.

Curiosamente, no le han puesto mucho empeño a la generación que adoptaba el shitposting como lengua franca. Quizá falta un mejor término para poder entender el cinismo y candidez de las campañas políticas hechas con IA al estilo anime o videos mal hechos pero con una épica que Trump y Milei hacen suya,

Mi hipótesis. Siempre he creído que todo lo woke es un relato o narrativa que proyecta el deseo restaurador de las elites ante el progreso.

Es decir, frente a leves transformaciones sociales como los estilos de vida alternativos o la conciencia de que existe un poder que utiliza su propia critica para mantenerse, la estrategia fue instalar una palabra para enmarcar y dejar de lado lo verdaderamente peligroso (en potencia): repensar la democracia y economía liberal, en particular la distribución de ingresos y el marco jurídico.

Rossi y Taiwo (2020) van más allá y dicen que el concepto es una nueva forma de neocolonialismo moral, validando agendas políticas bajo la apariencia de “justicia social”, mientras se ignoran las injusticias económicas estructurales que perpetúan la desigualdad. Lo mismo dice Madrid (2023) sobre cómo los afroamericanos padecen a un “movimiento” que viene a enseñarles como deben ser.

El origen del término

El tema es fascinante, por cierto.

Por cierto: Neiman cae en la trampa y señala que estos jóvenes woke no son izquierdistas auténticos.

Para eso está la publicidad. En el artículo, los entrevistados intuyen lo anterior señalando cómo las marcas utilizan una identidad para captar consumidores, sin convicción real, una práctica conocida como “pinkwashing” o “woke-washing”. Por eso ahora, en un mundo conservador, ese es relato a trabajar, aunque hay algo que no sé si logre imponerse: la meta crítica a las estrategias de publicidad. Es decir, la capacidad de reirnos y criticar cada truco publicitario, hasta concentrarnos en el producto y no en su narrativa.


Mi problema con los inteligentes clásicos de Hollywood

Volvi a ver Good Will hunting y aunque tiene momentos muy por sobre el promedio de peliculas coming-on-age, me hace ruido que el cine (o Hollywood) para representar a alguien inteligente usa siempre el “frame” matemático.

Es cierto que el personaje tiene sus “momentos cuali”, como cuando asoma una chispa de la teología de la liberación al lanzarle factos al universitario privilegiado de Harvard.

Pero en general lo vemos resolviendo de la nada ecuaciones y fórmulas con números y raíces cuadradas, dando por hecho que el espectador, a menos que estudie algebra o cálculo, le será difícil entender, obligándolo a aceptar que es alguien muy inteligente.


En contra

Lo diré en los mismos términos que Damon en el bar: la narrativa de Good Will Hunting repite la fantasía meritocrática del sujeto excepcional, cuya inteligencia se legitima cuando es reconocida por el Otro institucional (la universidad, el terapeuta, el MIT), pero esa forma de inteligencia está codificada bajo el significante hegemónico de lo matemático que actúa como garantía simbólica.

Es decir, el sistema aceptará encantado el tipo de inteligencia que le permite funcionar mejor, aunque sea una víctima de éste.

La paradoja es obvia: un neurodivergente matemático podrá acelerar la producción. Un “humanista” sólo genera stoppers en una ideología que se niega a sí misma, lo que es una ideología también (¡hola Althuser!).

Por eso me hace ruido: porque una inteligencia basada en habilidades situadas, memoria afectiva, sensibilidad narrativa, escritura continua y adaptabilidad urbana no entra fácilmente en ese régimen de visibilidad y validación.

A favor

Intligentemente se me puede decir que Good Will Hunting no pretende solo narrar la historia de un genio matemático, sino construir una parábola del trauma y el reconocimiento.

Yo les digo que cuando hay pizarras gigantes y números, hay un sistema latente que atrapará a Will y rechazará al pobre Max Fisher que en la brillante escena que abre Rushmore juega con el espectador usando el cliché de Hollywood que les hablaba.

Porque el dispositivo está contaminado: si Will es “aceptable” para el sistema no es su dolor infantil ni su genialidad sin contexto, sino su posibilidad de ser redimido y absorvido dentro del marco académico, de un psicoanalista dócil (me dueles Robin Williams) y el romance juvenil (ni la esposa de Chespirito soportó tanto).

Al menos Will intuye que esta triada (academia + terapia + romance) es un dispositivo de captura de subjetividades neurodivergentes, porque intenta escapar y llora y lucha y sale a carretear con sus amigos de Boston.

Cierre

Actualmente se tiende a aceptar que hay múltiples formas de inteligencia (depende de marcos y variables específicas)  y que no hay forma aun de saber como funciona la conciencia. Por lo tanto “representar” la inteligencia incluye su relación con el poder junto con aquellas otras inteligencias que excluye.

Entonces la figura del self-made survivor se vuelve complejo ya que hay variables estructurales, históricas, materiales, psíquicas, incluso genéticas, que acá al menos favorecen a Will, aunque se nos muestre como la escoria que el sistema dejó. Por eso su final es insoportablemenbte hollywoodense.

Aparte, parece que el ejercicio no era tan complicado.

El arancel del cobre y la estandarización del estilo Trump

Asumamos que la voz y tono de Donald Trump se ha estandarizado.

Es decir, eso que las escuelas de negocios llamaban “disrupción” y las ciencias sociales definían como “incivilidad” hace una década, ahora es la auténtica nueva normalidad.

Ejemplo 1: Si el invitado en una negociación o reunión era aburrido o irrelevante, los asesores recomendaban asentir o concentrarse en algun detalle de su rostro (total tienes un equipo que resume, analiza y decide por tí). Ahora, bostezar, mirar el reloj o dejar hablando solo, es señal de honestidad, de estilo directo y que no hay tiempo que perder.

Ejemplo 2: Se recomendaba ser coherente, ya que las audiencias perciben la disonancia entre lo que dices y lo que haces. Ahora, no hay problema entre anunciar algo a nivel masivo y operar técnicamente a nivel sectorial. Por ejemplo, anunciar en redes sociales aranceles a diversos productos —sin especificarlos— y un par de semanas después dejar la decisión para 2027.

En la mañana varios economistas analizaban esto diciendo que “hay que tener la cabeza fría”, que el Excel hay que cambiarlo todos los días debido a las decisiones y que siendo EEUU un país que depende del cobre chileno, había qeu esperar.

El problema es que los medios contaban la primera parte solamente. Es cosa de googlear El Mercurio y La Tercera, darse una vuelta por los portales de las radios y los archivos de la tele.

Si por lógica los aranceles obligan al país que necesita el recurso a pagar un porcentaje (el castigo se vuelve en contra), la forma de comunicarlo debería considerar eso. Los expertos, inteligentemente decían que Trump nunca explicó el tipo de cobre y que había que verlo más adelante.

Era obvio que la medida no afectaría demasiado y que los equipos de ambos países estaban trabajando, paralelamente a los efectos del anuncio.

Pero, como Trump es el que impone el estilo, ya está asumido en cierto nivel que son desplantes mas o menos vistosos, sin base y por ende, todos fingen preocuparse, lo que es preocupante.

Bo Burnham: Inside

I came across this “documentary” through a glowing review on TikTok, where it was hailed as a masterpiece on isolation, creativity, and depression.

What I actually saw was a comedian who made George Harris (reference) look like the funniest man alive — inhabiting his symptom in a way that felt overly industrial: LED lights, an air-conditioned apartment, keyboards, editing gear, and a Netflix contract.

He constantly reminds us he’s “white,” privileged, and fully aware that we live in a capitalist realist world (Fisher, 2009), as if that self-awareness were some kind of antidote to a highly performative depression.

None of this would really matter if the songs were any good — a couple of them are solid, though his obsession with Instagram girls is… questionable — but they mostly sound like B-sides from more interesting neighbors, like Jonathan Richman or the great Don Lennon.

Put another way: Stephin Merritt doesn’t need this — he makes triple albums.

Hola 2025

Si llegaste hasta acá es porque realmente te interesa mi trabajo.

O más bien, hay algo que te puede hacer ruido sobre lo que escribo.

Por lo mismo te adelanto que este verano iniciaré una especie de rodaje, en este formato que sigue funcionando, a pesar de los videos con voz robótica o personas simulando estar en un podcast.

Lo que ofreceré será simple, pero provechoso:

  1. Análisis de narrativa y contenidos de industrias relevantes (quizá tú aparezcas en ella) a través de una metodología mixta diseñada por mi. Sé que suena muy abstracto aun, pero confía en mi.
  2. Actualizaciones sobre tendencias relevantes de la cultura digital.
  3. Productos y herramientas digitales que, si me citas, puedes utilizar sin ningún problema.

Acá no hay humo y el dato no mata al relato.

Al contrario.

Paciencia, por favor.

AI/IA

🤖 Acá está la “carta abierta” de los creadores de OpenAI, Google Deep Mind y otros sobre los peligros que puede generar esta tecnología que ellos mismos desarrollaron.

Para que nadie diga después que no lo advirtieron.

[1] Recomiendo el articulo [en castellano] : Los principales creadores de la IA alertan sobre el “peligro de extinción” que supone esta tecnología para la humanidad – https://elpais.com/tecnologia/2023-05-30/los-principales-creadores-de-la-ia-alertan-sobre-el-peligro-de-extincion-que-supone-esta-tecnologia-para-la-humanidad.html

[2] Acá un interesante perfíl [en castellano] sobre Sam Altman el creador de Chat GPT.

“(…) Confía tanto en la tecnología que es un mal vendedor de su actual producto estrella. Le parece poco y destaca sus deficiencias igual que sus virtudes. ChatGPT, un programa desarrollado con inteligencia artificial (IA) que da respuestas plausibles a la mayoría de preguntas, es para Altman una tecnología “impresionante, pero no robusta”, según recalcó en una conferencia reciente. “En la primera prueba tienes la reacción de ‘esto es impresionante y está listo’, pero si la usas 100 veces, ves sus debilidades”, explicó. Es como un Quijote, pero cuyos molinos tienen ya alguna pared sólida, no son solo ensoñaciones”

[3] En el New Yorker, Altman hizo el siguiente chiste sobre su costumbre de ir poco al baño: “Practicaré lo de ir al baño más a menudo para que los humanos no se den cuenta de que soy una IA”:

[4] En el NYT —también citado en la nota principal de El País— este personaje, ya en marzo de este año, dice cosas como: “The hype over these systems — even if everything we hope for is right long term — is totally out of control for the short term,”