blog

Vuelve el podcast

En medio de la pandemia empecé a conversar con amigos o gente de confianza sobre lo que nos espera tras el desconfinamiento (si es que lo hay).

Ahora, en esta segunda etapa me centraré en investigadores y sus nuevos libros con nuevo opening y en conversaciones más acotadas y con precisión quirúrgica.

Comencé con Tomas Peters y su sobresaliente Sociología(s) Del Arte Y De Las Políticas Culturales (Metales Pesados) y puede escucharse en varios formatos por acá.

“Parecía el final pero era sólo el principio”

Ese es el título de mi texto incluído en el libro/colectivo/proyecto Arde.

Fue lo primero que me salió cuando me invitaron a participar.

Después no estaba seguro, sobre todo al enterarme que compartiría espacio con escritores, artistas, intelectuales y académicos de varias generaciones incluyendo además a figuras más mediatizadas como Zizek, Raúl Zurita o Diamela Eltit.

Me acordé que en en septiembre de 1988, antes del plebiscito, se publicó un libro bello y de similares características (Arturo Navarro fue el editor y me mandó el scan).

Inspirado en este texto de Carlos Olivárez, escribí el mío.

Aunque luego pedí que no se publicara, al verlo finalmente en Arde siento que al final es la única forma que tengo de hablar con él (y con el acontecer histórico-político).

Hola, Carlos.

La muerte del rock

Nunca pienso mucho en esto, pero mi editora me hizo volver a CBB para unos trámites para México.

Fue en 1993 o 94, cuando un ex hippie de una tienda de instrumentos de Concepción me mostró un libro de rock con Frank Zappa en la tapa. Lo guardaba como una reliquia, con subrayados y apuntes en lápiz grafito.

A mí me llamó la atención: ¿Escribir sobre música? ¿Hacer “teorías” sobre discos y canciones?.

Nunca me lo pude conseguir. Hasta que en 2016 conocí al autor quien me recomendó vomitar todas mis ideas, conversaciones, párrafos que pasaban desapercibidos en críticas de discos.

Yo, que conocía las redes y procedimientos dudosos (para mí) de las editoriales, decidí —mas o menos conscientemente— escribir el libro #00 como decía mi esposa y presentar el proyecto a la editorial que lo publicaba a él que, en ese momento, como dije en la TV de Perú se dedicaba a la narrativa y especialmente a la poesía, lo que me hacía sentir más contento aún. Los quiero mucho, Eutopía.

Gracias a este colega, el texto apareció gigante (¡y elogiado!) en El Mercurio antes incluso de llegar a librerías (el único ejemplar que mandé a un medio, en La Segunda me dio lata aparecer a dos páginas trabajando yo allí). Tampoco quise lanzamientos ni esas cosas que hacen los escritores que tenía que cubrir.

El experimento funcionó: el ensayo apareció (o fui entrevistado) en medios de España, Perú, Argentina y hasta Radio U. de Chile, Rockaxis (hola Marcelo Contreras) y CNN. También recibí felicitaciones de los colegas que admiraba (y sigo admirando). Y Alfredo Lewin decidió organizar en el Instituto Británico lo que más se aproximó a un lanzamiento.

El viaje a Lima (originalmente iba a cubrir a los chilenos de la Feria del Libro y de paso a hablar de música) fue extraño, con una mezcla de divertido hate de cierto público que llenó la presentación (y no entendió bien el libro… agh debí haberlo dividido por capítulos) y la buena onda de los presentadores (Alan, Fidel) con los que nos fuimos a tomar unos chilcanos mientras de fondo tocaba Miki González y luego me fui al hotel a llamar a Daniela y contarle que todo esto es muy loco. Lo que de verdad no me esperaba era esta segunda oportunidad de salir a exponer las pocas ideas interesantes que tiene, pero que valen la pena. Veamos qué pasa, antes que venga el #01.

Por eso les dejo esta entrevista de 2018: ¿Cierto que lo mejor es nuestro gato Elliott?

Algunas reacciones que logré ordenar y guardar en mi informe al Ministerio de Cultura.

Todo sobre el libro y +

Arte popular

“He aquí la razón por la cual Atenas no podría crecer como lo hizo Roma, mediante la incorporación de otras póleis. Para el ateniense, la responsabilidad de adoptar sus propias decisiones, de llevarlas a cabo y aceptar sus consecuencias constituía una necesidad en la vida del hombre libre. Por esta causa el arte popular de Atenas fue la tragedia de Esquilo o de Sófocles y la comedia de Aristófanes, en tanto que el nuestro es el cine. El ateniense estaba habituado a ocuparse de cosas trascendentales; un arte que no se refiriere a temas de importancia le habría parecido pueril”

Sigo con H.D.F. Kitto