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La fase Mi casa en el árbol

Ayer me junté con un amigo -de los pocos amigos que me quedan- que vino “de incógnito” a Santiago por unos trámites familiares. Me dice que está en una etapa donde quiere recuperar sus discos y libros que dejó en todos lados antes de irse al país donde reside y que, cada vez más seguido, añora la niñez. Ah, le dije, estás en la etapa Una casa en un árbol. Donde tenga mis dibujos, me dijo. Claro, porque generacionalmente, esa canción -que nunca fue bien vista en los `90 a pesar de sonar en todos lados- representa perfecto la crisis de la edad adulta. Aunque el autor -del que estoy escuchando todos sus discos una y otra vez- la hizo después de sus experiencias con ciertas drogas que lo conectaron con lo infantil, según he leído. Pero el asunto es ese: la niñez como aislamiento y seguridad a la vez.

Kimi no Na wa

Anoche encontramos en el cable -a pocos días que lo saquen, por cierto- esta película de animación que hace tiempo tenía ganas de ver tras leer este artículo en la BBC. ¿Por qué los japoneses están obsesionados con el cambio de sexo/vidas?, me pregunta Daniela. En efecto: Kimi no Na wa es como un Ranma 1/2 hauntológico donde la iluminación -siempre atardeciendo y con aire marino-, la paradoja, la memoria fantasmal domina todo. Me interesa mucho el tema de las narrativas “fantasmales” contemporáneas. Creo absolutamente en eso que dice Fisher sobre lo hauntológico y Tanner en Babbling Corpse sobre la estética vaporwave: son los poros/grietas de una realidad plana capitalista el único escape hacia un regimen de sensibilidad. Ya me expanderé sobre el asunto.

WP

He llegado a niveles alarmantes de automatización cuando escribo. Ni siquiera me cuestiono el uso de WP, excepto cuando tengo que logearme en algún viaje y me pega la desconocida. Ahora hay un editor nuevo que usa el mismo principio de Medium de WYSIWYG pero con unos bloques de edición que la verdad no lo pillo mucho. Pero bueno, este verano de transición, supongo que es para eso.

#019. The Post

A esta edad empezar un año tiene poco de sorpresa. Culturalmente uno acepta esa idea de los calendarios intactos, el cambio de folio, la vida nueva; pero tarde o temprano aceptas que es simplemente otra vuelta de la tierra al sol. Lo bonito es que empiezas a guiarte por procesos y no por fechas. Por lo mismo aproveché de ver otra película de periodistas que tenía pendiente: The Post.

Son los telefonazos, los nervios a que otro medio tenga la exclusiva, el tira y afloja con el poder y los editores jodiendo en la era pre-internet lo que me reafirma el muy extraño privilegio de haber formado parte de una profesión que está transformándose en otra cosa.

Creo que estoy empezando a aceptarlo.

Listen Up Philip

Obvio que me iba a sentir “identificado” con una comedia sobre escritor fracasado y neurótico (y judío). Es un arquetipo al que muchos aspiran (y se lo creen) pero pocos lo consiguen. Porque es una lata vivir así, sin una jauría a la que pertenecer, no tener cómo transferir creativamente la rabia y vivir impostando una inteligencia. ¿Quien va a querer a semejante imbécil?

Eso es lo que le pasa a la novia de Philip (y su gato) interpretada por Elisabeth Moss y todo su entorno al que el tipo reta, rechaza y desafía en una Nueva York atemporal (¿son los 00? ¿pero cómo no hay internet? ¿son los `80?) filmada a lo woodyallenwesanderson, hasta que se topa con Ike Zimmerman un escritor obviamente igual a Philip Roth.

Ese tipo era igual que él y lo “adopta” en parte para volver a inspirarse y también para transmitir su misión de vida. Y así empieza el desastre.