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Esta mala la cosa

Me despierto con el ataque terrorista en Nueva Zelanda y ya empezaron con que la vida imita a los videojuegos y los youtubers. Discrepo: esa es la forma (que va cambiando con las tecnologías), el fondo es otro. Y eso es lo que hay que investigar/explorar

Apuntes sobre el 8M

Mi género no puede soportar no ser parte de algo. Supongo que es la mala costumbre. Nuestros actos e imaginarios se fundan en una base fálica, masculina, patriarcal. Todo eso lo pude comprobar el 8M y los discursos dispersos en redes sociales. Las organizadoras dijeron de todos los modos posibles que esto no era sobre “lo hombres” y algunos -sin entender el fondo del asunto- empezaron a alegar que por qué no eran invitados a acompañarlas. Otros -y yo tuve mucho cuidado de no caer en la trampita- sublimaron esa ansiedad en paternalismo antes/durante/después de la marcha (“que grande mis mujeres”, “felicitaciones a todas”), críticas (“esta marcha no es representativa”) o marchando igual. ¿Cual es el papel del hombre, entonces?, me estará diciendo en estos momentos los lectores o lectoras que, supongo, debo tener. El silencio, obviamente.

La marcha, claro que fue un hito. Una oportunidad de reconocerse, ocupar la calle y, en el que sería el más maravilloso de los casos, como me decía Daniela, mi esposa, volviendo de la Alameda terminar cambiando la economía, acabando con la letra chica de las AFP, el sistema de salud, los sueldos, las condiciones.

El silencio es metanoia.